¿Como podemos ayudar a un familiar o ser querido que está elaborando un duelo?.

Una sana manera de acompañar es crear una relación, un vínculo seguro, cálido, aceptante donde el doliente pueda permitirse hacer el duelo. Una relación donde se sienta recibido con todo su dolor y vulnerabilidad.

Podemos ayudarlo brindándole nuestra presencia, sin emitir juicios de valor de lo que este sintiendo o haciendo. Escucharlo, permitirle expresar sus necesidades, sus emociones, que pueda llorar, hablar de su ser querido, salir a caminar en silencio o simplemente respetarle si quiere estar solo… 

Ayudamos creando un encuentro donde el doliente pueda sentirse seguro para hablar y expresarse libremente. 

No sirven de ayuda las “frases hechas” que intentan consolar y que no expresan comprensión del sufrimiento del doliente. Frases como: 

 Paso a mejor vida.

 Debes dar las gracias por haberlo tenido tanto tiempo.

 Dios quería un angelito. 

 Sé cómo te sientes.

 Es mejor así. Ya no sufre.

 Si tenía que suceder, mejor que fuera pronto.

 Dios lo quiso así.

 Es así, hoy estamos, mañana no.

 El tiempo cura todas las heridas.

 Era demasiada bueno para este mundo.

 Tú eres fuerte y saldrás adelante.

 Eres joven y podrás formar una nueva pareja. 

 

El uso de estas frases, como otras tantas, solo dejan en  el doliente una sensación de mayor soledad, enojo e incomprensión.

Decir algo que sirva de ayuda, es centrarnos en lo que está sintiendo y expresando la persona, tratar de captar y comprender profundamente su mundo interno y sensible. Qué nuestras palabras le regalen comprensión.

No ayuda para la sana elaboración del duelo, querer correr a la persona de su dolor, ni querer suprimírselo. El dolor sanará a  partir de poder drenarlo, comunicarlo, expresarlo, revisarlo. 

Las falsas creencias como “es mejor no hablar de lo sucedido para que no sufra”, crea un cerco de silencio dañino para la sana elaboración del duelo. Muchas veces, no se nombra al ser querido fallecido y esto deja en el doliente una triste y dolorosa sensación de que ya ha sido olvidado.

Al principio podemos ayudar ofreciendo ayuda concreta como ir a hacerle las compras, cocinarles, llevar los chicos al colegio,  etc. Tareas sencillas pero imposibles de abordar por el doliente, principalmente durante el duelo agudo inmediato a la muerte. 

Si nos sentimos disponibles para hacerlo, podemos ofrecerle compañía para ir al cementerio o para ayudarlo con la selección y el destino que se le dará a los objetos del ser querido fallecido.

No se trata de invadir al doliente. En su proceso de elaboración, oscila entre la necesidad de compañía y de soledad. La mejor manera de ayudar es preguntando: ¿Cómo puedo servirte de ayuda en este momento? Ofrecemos la ayuda y respetamos la decisión del doliente.

Es importante que podamos sostener en el tiempo una disposición para la escucha, la compañía y ser pacientes, tolerantes y respetuoso del proceso de cada persona en duelo por la muerte de su ser querido.

Facilitar la ayuda en el duelo es permitir “Que el duelo sea duelo”.

Clr. Mabel A. Weiskoff