El tiempo en el duelo.

En el tiempo del duelo existen días muy particulares y difíciles de afrontar que agregan por sí mismos un monto de angustia y dolor en nuestra herida.

 

Los días próximos a las fiestas de fin de año, navidad, aniversario de su fallecimiento, y cumpleaños son momentos de dificultad que nos agregan más sufrimiento. No solamente nos invaden los recuerdos de años anteriores cuando nuestro ser querido estaba a nuestro lado sino que se acrecienta también la conciencia del paso del tiempo sin su presencia y compañía. 

Surgen frases como:

… aún no puedo creer que no esté…

… Aunque ya pase las fiestas el año pasado ahora siento que es más difícil… 

…Me doy cuenta que va pasando el tiempo, es la segunda navidad sin él/ ella, tengo miedo porque creo que voy a olvidar…

… Siento broca porque me doy cuenta que la vida sigue, todo sigue y ya no volverá…

Ante las fechas significativas se toma conciencia del paso del tiempo…un tiempo que durante el duelo es como irreal. Al principio es como estar fuera del tiempo y el espacio, sentirse mirando una película como algo que sucede externo a nosotros y no hay mucha noción en que día vivimos… a medida que el tiempo pasa nos sumergimos más en el dolor y en la conciencia de la realidad de la muerte…el dolor se agudiza y sin embargo puede suceder que nuestro entorno, familiares y amigos crean que por que pasaron 2 o 3 meses el duelo ya paso… 

En oportunidades queremos hacer como si nada pasara y minimizar estos momentos. Podemos postergar contactar con el dolor de la pérdida pero sabiendo que habrá repercusiones en nuestra vida…más tarde o temprano nos confrontaremos con la sensación de vivir en un letargo, con la herida abierta quizás como el primer día…

A veces creemos que porque pasaron algunos años no nos sucederá ninguna recaída emocional y nos podemos sorprender con algún episodio de fiebre o malestar físico, o con tristeza que no relacionamos con el fallecimiento de nuestro ser querido. Hay memoria de nuestra herida en el alma.  Pero no es lo mismo si ha quedado nuestro duelo postergado y lo hemos evitado que si hemos asumido el trabajo de sanación de nuestra pena y nuestra herida. 

Es una nueva vida que se aprende a transitar en el transcurso del duelo. Una nueva vida donde no vamos a dejar de amar ni de recordar a quienes ya no están a nuestro lado. Aunque el alma recuerde, el trabajo del duelo habrá ayudado  a cicatrizar la herida y  a transitar los momentos de celebración y fechas recordatorias con mayor paz en el corazón.

Nos ayuda recordar… darnos tiempo para contactar con nuestras emociones y dejarlas fluir y exteriorizarlas… compartir con familiares y amigos nuestros sentimientos y necesidades para transitar estos momentos… Saber que el paso del tiempo por sí solo no va a sanar la herida…respetar nuestros tiempos y nuestro proceso… no auto exigirnos con pensamientos tales como: “tendría que estar bien…” o “… ya no debería llorar…” solo nos agregan más dolor. En el duelo lo que nos sucede en cada momento es lo que vamos a atender… sin altas expectativas, preparándonos para afrontar las dificultades en un entorno dispuesto a acompañarnos con lo que nos surja. 

Cada duelo es único, intimo. El tiempo pasa pero es fundamental lo que nosotros hacemos con el tiempo. Esto es elaborar el duelo. Trabajarnos en el sufrimiento para asumir las distintos momentos que nos depara el camino hacia una vida que cambio para siempre.

 

Clr. Mabel Weiskoff